Descansa en Paz, mi amigo Rafael Molina Morillo

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Por Antonio Espinal

El escritor inglés Charles Dickens dijo una vez que la vida del hombre es breve, pero que no importa la brevedad de esa vida, sino lo que uno haya sido capaz de hacer con ella. Mi amigo, maestro y mentor Rafael Molina Morillo hizo mucho en su vida y siemppre lo recordaré.

Hoy 2 de abril, leí la triste noticia de que el Dr. Molina Morillo, que dirigía el periódico El Día falleció en la mañana. Fue fundador y director del diario El Nacional, en el cual me nombró Sub-Jefe de Redacción, y la Revista ¡Ahora!, en la cual me nombró Jefe de Redacción a raiz del asesinato de mi también amigo Orlando Martínez.

Molina Morillo también fue Director del Listín Diario.

En plena adolescencia, yo trabajaba como Corresponsal de El Nacional en la línea noroeste, cuando Molina Morillo envió a mi también mentor el Dr. Freddy Gatón Arce, que dirigía El Nacional, a buscarme a Mao para llevarme a la capital, y me sentaron en la Mesa de Redacción, en el centro mi Jefe Ramán Reyes, a la derecha mi colega Bonaparte Gautreaux y yo a la izquierda. Fueron parte de mis años felices en el Periodismo, sin importar los atentados contra mi vida por la dictadura encubiera de Joaquín Balaguer.

Gatón Arce me llamaba “El Muchachito de Mao” y Molina Morillo me llamaba Espinal, que en realidad era segundo apellido. El me dijo, “usa sólo Antonio Espinal, que es más llamativo, el otro apellido Monción no me gusta…” Entonces me quedé como Antonio Espinal. “Es aparentemente un muchachito, pero no se equivoquen”, bromeaba Molina a mis compañeros, todos los cuales eran mayores que yo.

El primer día que llegué a la capital, me enviaron a San José de Ocoa, para cubrir el desembarco de Francisco Alberto Caamaño Deñó, en Playa Caracoles. “Allí tenes que cuidarte un poco más que como lo hacías en Mao. Hay otros más agresivos que el Coronel Carlos Jáquez Olivero”, me advirtió Molina Morillo. Jáquez Olivero, Coronel y luego General, era comandante militar de la zona Noroeste, y trató de matarme.

Molina Morillo realmente me quería. En varias ocasiones en que participaba en eventos especiales, como en Embajadas, me llevaba y bromeaba conmigo. “En Mao, tú no ves nada así”, me decía.

Un día me presentó a Bárbara Hutchinson, directora de la Oficina de Prensa y Asuntos Culturales de la embajada de Estados Unidos en Santo Domingo, con la cual tuve una corta amistad. Ella fue secuestrada por un comando de izquierda que perpetró el secuestro para reclamar la libertad de un grupo de presos políticos del régimen de Joaquín Balaguer. Cuando fue liberada, me concedió una entrevista especial.

Cuando Molina Morillo fue designado Embajador dominicano ante las Naciones Unidas, ya yo era Director del diario Noticias del Mundo, de Nueva York. El y su esposa doña Francia, me invitaron a cenar en su residencia de la Gran Manzana.

Siempre recordaré a Molina Morillo como mi maestro y mentor y amigo. Su muerte, es una de esas partidas que dejan a uno sumido entre penas y recuerdos de nuestros años felices en el Periodismo, un periodismo que ha cambiado mucho desde entonces.

Descansa en paz, querido amigo. Y acompaño en su sentimiento a su querida esposa hoy viuda Doña Francia Molina y a sus hijos y demás familiares.

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